martes, 9 de marzo de 2010

La tolerancia de los opositores

Ya se ha hecho referencia desde este espacio a la construcción del "apocalipsis que viene" que efectúan los medios de comunicación. También, la manera en que un programa de televisión se mofa de ellos. Recientemente, comentamos la burda manera en que el peor diario hispano difunde su realidad respecto a los "presos" en huelga de hambre en Cuba.

Centrémonos un párrafo en el programa de la Televisión Pública. Sus conductores  fueron acusados el año pasado de ser los peores periodistas, se dio circulación a canalladas y mentiras respecto al presupuesto del ciclo y se los vive señalando como la "oveja negra" de la pantalla argentina. Pero ¿cuánta audiencia tiene el programa? Según IBOPE el rating del último envío fue de 2,1 ¿Pueden ser tan intolerantes los medios, los periodistas y los políticos que viven reclamando "tolerancia y diálogo" como para defenestrar un ciclo cuya audiencia es tan baja? 

La respuesta es sí. Practicando la misma intolerancia que señalan diariamente (¡incluso ante la Justicia!) lo único que han logrado hasta ahora fue incrementar el volumen de mentiras que vierten.

Algo similar sucede con el pasquin El País y su batalla por "la libertad" en Cuba. Tras dar crédito a cuanta difamación surge respecto a los Castro desde las usinas de Miami, se centraron en una producción televisiva de la isla, que acapara la mayor parte de la audiencia. Claro que  mencionaron el ciclo desde su particular visión:


Sí, ahora resulta que el humor negro es políticamente correcto. Ver la nota acá.

Vayamos al programa. Se trata de un ciclo de ficción ("mega producción", para lo que es la TV de la isla) donde se recrean algunos de los intentos  de la CIA por asesinar a Fidel.  Ahora bien, si tenemos en cuenta las continuas difamaciones internacionales que suelta el medio español acerca de Cuba ¿Es tan relevante en su estrategia comunicacional "anti-Castro" un programa de televisión "pro Fidel" que sólo se emite en Cuba?

La respuesta es no. Pero no pueden dejar de callar la intolerancia que llevan dentro, la misma que  opositores y teneístas señalan en "6,7,8". No encuentran la forma de mostrarse "opositores y tolerantes", como reclaman a los gobiernos que enfrentan y a quienes señalan como "sus voceros". 

Quienes hacen "TN" y "El País" creen que proyectando en el otro sus propios errores será suficiente para ganar la batalla en la opinión pública(da). A la larga, más allá del resultado, terminarán perdiendo lo más importante que han logrado tener: la credibilidad del rebaño que todavía los mira y lee convencidos. 

Y en ese momento, cuando los propios periodistas de los medios  "que pueden desaparecer" vean como su imagen se devalúa en la grilla, no podrán culpar al gobierno. Será tarde para ellos, que hipotecaron su carrera por defender a un patrón, cuya única tolerancia es con los grandes negocios.

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