martes, 8 de diciembre de 2009

Morbo

La historia de la familia Pomar, tras 24 días de desaparición, terminó del peor modo. En el transcurso, los medios de comunicación intensificaron lo que habitualmente hacen frente a cada caso que tiene impacto en la opinión pública: vendieron pescado podrido, hicieron pública la vida privada de la familia, dieron crédito a las versiones más insólitas sin ningún tipo de chequeo previo y, principalmente, dejaron crecer un enorme manto de sospecha sobre Fernando Pomar, su probable desequilibrio, violencia y vínculos mafiosos.

A esta altura, pedir ética profesional sería casi ridículo, como pedirle a una gallina que ponga una pera. Pero el morbo armado alrededor del caso, ¿era necesario? A veces pienso que en este país sobran señales de noticias. Este es uno de esos momentos.

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